Los bebés y los niños desarrollan el lenguaje a base de escuchar a los padres y de nuestra interacción con ellos, esto no se aplica únicamente al aprendizaje de la lengua materna sino a todas las lenguas . Cuando nos escuchan hablar, sus conexiones neuronales para asociar sonido y significado se activan. Los bebés observan y escuchan a los padres, las emisiones de sus sonidos, la forma que aprenden el lenguaje es escuchándonos a hablar. Poco a poco van asimilando y de repente un día lo repiten.
En este caso la estimulación es indispensable. Nuestra tarea como padres es activar la capacidad innata y convertirla en competencia lingüística. Mientras más estimules el habla del bebé con amor y sin presión, mejor serán los resultados.
Cada padre tiene que velar por el buen desarrollo de sus hijos. Tenemos que cuidarlos, alimentarlos, darles seguridad y protección pero también educarlos. En muchas ocasiones, por el trabajo, la casa apenas tenemos tiempo para dedicar todo el tiempo que nos gustaría.
Existe el periodo crítico del lenguaje de 0-7 años, en el que es esencial exponer al máximo y lo mejor posible a los bebés y a los niños al lenguaje.
Pensar que es automático es un error, todo logro o avance radica en la intervención y a esto me refiero a la dedicación y a la entrega de amor al hablar y dedicar tiempo a nuestros hijos.
Algunos motivos por los que se aboga por una enseñanza temprana son:
- Aprovechar el periodo crítico en la evolución psicológica en que su aprendizaje será positivo y obtendrá mayor efectividad que aquellos que comienzan después.
- Hay razones para suponer que un inicio temprano en las lenguas extranjeras puede contribuir a incrementar la motivación de los aprendices, lo que en el futuro les puede ayudar a aumentar su nivel de competencia y a desarrollar sus actitudes de aceptación de otras culturas.
- Como la exposición, la práctica y la interacción en la LE son factores clave, podríamos concluir¨ cuanto antes sea posible, mejor¨

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